La Barca de Acero, animación de Sergio Román y Tahuanty Jacanamijoy, 2020.

La Barca de Acero, animación de Sergio Román y Tahuanty Jacanamijoy, 2020.



La propuesta surge de la circunstancia actual que nos obliga a distanciarnos físicamente, a estar confinados en nuestras casas, y a enfrentar un panorama mundial catastrófico. De ahí surge una pregunta: ¿Qué es el fin del mundo? En la animación seguimos la reflexión de una persona (¿Nosotros mismos?) sobre el origen, la naturaleza y la soledad. Finalmente, lo único que nos queda es la imaginación para crear otros mundos posibles con lo que tenemos nuestra a disposición. La animación comienza sobre una pared negra en donde aparecen dibujos en tiza animados en stop motion que nos recuerdan formas naturales, como células, flores, planetas o galaxias en expansión. Esta parte que alude al espacio mental del personaje, termina con la pregunta: ¿Por qué tememos a la soledad? De aquí salimos al espacio exterior en donde reconocemos una manta que por la animación en stop motion simula una marea tormentosamente amable, mientras tanto nos hacemos preguntas sobre nuestros miedos: ¿Tememos a la creación? De ahí pasamos a una toma del sol asomándose entre los árboles y un pájaro solitario animado cuadro a cuadro aparece volando como un espíritu salvador. Esta parte termina con una pregunta: ¿Cómo imaginamos otros mundos posibles desde la soledad? Lo que sigue no parece ser una respuesta concreta, más bien una divagación de la imaginación. Entre un cubrelecho, almohadas, aluminio, piedritas y cartón corrugado se construye un paisaje animado que nos hace presenciar un desastre natural al que el personaje sobrevive porque construye una barca de acero para protegerse de una lava ardiente.

Somos Sergio Román y Tahuanty Jacanamijoy, entre los dos generamos un diálogo en el que cada uno trabajó desde su casa haciendo las animaciones, escribiendo el texto, produciendo el sonido y editando. En este contexto actual de pandemia, quisimos hacer una reflexión sobre el fin del mundo, el miedo que esto causa y vislumbrar una posible solución en la imaginación. Esta animación va dirigida a jóvenes (13 años en adelante) y a adultos que estén confinados en sus casas, a aquellos que se sienten solos y enfrentados a un bombardeo de información que pinta un futuro incierto. A estas personas les queremos decir que, a pesar del ambiente negativo que se respira hoy, es posible crear un espacio seguro, en donde podemos sentir y ver nuestro interior y exterior desde la imaginación.

Casi que de un día para otro la vida nos cambió a muchas personas alrededor del mundo. Un tercio de la población se encuentra en este momento viviendo en confinamiento en sus casas como medida de prevención. El futuro es incierto: no se sabe a ciencia cierta hasta cuándo se puede prolongar esta situación, pero lo que sí es seguro es que se trata de un momento coyuntural. Esencialmente es un momento de cambio para cada uno de nosotros individualmente y por lo tanto para la sociedad en su conjunto. Estas nuevas circunstancias, en las que nos vemos obligados a convivir con el virus, exigen una reconfiguración de nuestros hábitos y nuestras prácticas.

El arte es una práctica fundamentalmente relacional, es una práctica que se vive en comunidad. Es por esto que, ahora que estamos encerrados en nuestras casas, será el arte el que nos de las claves para pensar en colectivo. Es un momento de transformación y en ese sentido la animación parece ser de vital importancia por su naturaleza: cuando se anima un objeto o un dibujo podemos hacer que este se transforme como queramos, esto nos permite pensar en aquello que no existe pero que podría ser. Es por esto que este proyecto se vale de la animación, porque creemos que puede ser un germen desde el cual podamos pensar en nuevos posibles.

Este confinamiento está trayendo una nueva configuración simbólica de nuestras casas. Por este motivo tomamos la decisión de integrar algunos de los espacios de nuestras casas a la animación. Que estemos dentro de nuestras casas no quiere decir que no pensemos en lo de afuera, es más, lo pensamos aún más intensamente. Estar adentro nos está trayendo una actitud mucho más reflexiva, nunca antes habíamos tenido tanto tiempo para pensar en lo que significa nuestra existencia en este mundo.

La barca de acero es un ejercicio de exploración de la interioridad de un personaje que bien podría ser cualquiera de nosotros. Un personaje que se hace las preguntas que todos nos estamos haciendo en estos días. El objetivo no es dar respuestas concretas, al contrario, lo que queremos es darle al espectador herramientas para que pueda pensar en las circunstancias actuales como un momento de profunda apertura para el pensamiento y para el cambio. Ya que es definitivamente en los momentos de crisis en los que surge lo mejor del ser humano.

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